sábado, 30 de abril de 2011

POR ÉL

Ella abrió la puerta de la habitación que se había cerrado y dando la orden de desocuparla, recordó esa mañana anidada en su vientre... Tenia un cuerpo delgado y fino, elegante, usaba  abrigos de colores y unos profundos ojos negros. No le gustaba entablar dialogo con nadie, y los espejos eran su  compañía en la habitación pintada de un color rosado casi imperceptible. Ese día saludo amablemente al dueño del inquilinato, no se quejo del llanto de los niños como lo hacia todas las mañanas, ni tampoco dijo nada por el café frió. Sonrió amablemente como nunca lo hizo hasta ese instante, besando la mano de la dueña de la posada le balbuceo con sus labios carnosos, palabras que le decían a Ella, que tenia unos hermosos ojos azules que le recordaban la calma del mar del ártico y una cintura llena de sueños y caminos adornados por las mas hermosas flores de la región. La miro con el color del arco iris, le sonrió hasta habitarla completamente,  y le musito al oído diciéndole que lo mas agradable del lugar era  su olor a madera verde en tanto su mirada salia de su piel;  se acomodo la corbata y el pañuelo que usaba en su solapa. Limpio los zapatos de color negro que dejaron ver su piel canela rosando el pantalón y  como lo hacia todos los días el cepillo ocupo el lugar de siempre. Pago todas las deudas, se pudo los guantes y cogiendo el paraguas salio.

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