miércoles, 16 de octubre de 2013

AUSENCIA











La lluvia golpeaba la ventana. 
Ella considero que había llegado el tiempo. Había dejado sobre la mesa esa astromelia que había conseguido para su muevo amante. Sobre el viejo canapé su cuerpo cansado y sus labios sin brillo recordaban  a ese otro hombre tejido con trapos viejos, siempre asustadizo que llevaba al igual que Ella la argolla de un compromiso deshilvanado. Los dos habían sido culpables por el olvido de los encuentros. Todo había terminado un día cualquiera de cualquier año, no existan recuerdos. Por eso debía morir..

miércoles, 12 de junio de 2013

SOMBRAS

Nadie lo había vuelvo ha ver, salvo esa mañana que salió con sombrero y abrigo negro. Los vecinos se extrañaron cuando lo vieron como de viaje, todos sabían que odiaba caminar mas de dos cuadras, la gente le producía mareo y empezaba a vomitar cada cuadra, era verdaderamente un tormento salir a la calle o trasladarse a cualquier sitio, por eso la mona como la llamaban en el vecindario,  todos los días llevaba la comida a este buen hombre de inmensos ojos negros y labios sensuales. ¿Que habrá pasado dijo Ella,...? La camarera quien vivía enamorada de este buen hombre le respondió en tono inquietante, a que se refiere,  pues a la mona. Nadie sospecho absolutamente nada hasta el día que la camarera tampoco volvió, y Él  no alcanzo a caminar mas de cinco cuadras  cuando murió por el exceso de vomito.

martes, 11 de junio de 2013

FANTASÍA

Su esposo obligo  cerrar la ventana. Ella obedeció la orden.
Él la estaba buscando, la había presentido entre calles, avenidas y hojas de revista en un basurero de la ciudad. La vio y sus pies no se detuvieron hasta ese día que la encontró. Arrendo la casa contigua. Su fijación era observarla y deletrear  su felicidad, suponía que sus noches pertenecían  a la eternidad, se habían prometido amor eterno y todo era un telar de encuentros cotidianos. Se leía en los diarios y en la revista, este era el matrimonio del año.
Él simplemente la miraba  y desnudaba sus silencios con el borde de sus labios. Esperaba. El día que abrieron la ventana que daba hacia el patio de atrás de la casa, estaba Él, allí, quieto, sentado, leyendo plácidamente, sin mirar a ningún lado, sintiendo como se recorrían sus miradas. Ella lo vio y visito su cuerpo con sus ojos negros, adornados por sus espesas cejas delicadamente delineadas. Entonces se detuvieron las miradas en sus piernas redondas y alargadas, vestidas con esas medias color piel que cubría con el pantalón, dejandole imaginar  su piel blanca rozándola con su olor. Lo recordó, era esa mirada las que Ella siempre que abría la puerta de su casa había visto caminar entre las sombras y en cada despedida su manos la atrapaban,  sentía como entraba en sus habitaciones en completo silencio,  adherido a su cuerpo, era una voz quieta que le murmuraba secretos que no entendía. Se tejió un silencio con el hilo del encuentro y Él sentía desnudar su piel, tenia el silencio, la forma de los labios, su cuerpo ondulado y su piel olía a un día de fiesta, estaba lleno de espacios sin tiempo y caminaba con sus dibujos y lineas, sus manos parecían acaricia cada foto en la revista.  Cerrándose la ventana, sus ojos  desprendidos de su cuerpo caían pesadamente sobre sus calladas piernas.
Ella, había perdido la razón, su cuerpo no le respondió. Bajo las escaleras  y lo encontró con la pagina abierta. Si era Ella.
Nadie volvió a asomarse y en un tiempo cualquiera se quito la ventana para ponerle pared. Desde entonces lo visita  entre bambalinas.