miércoles, 16 de octubre de 2013

AUSENCIA











La lluvia golpeaba la ventana. 
Ella considero que había llegado el tiempo. Había dejado sobre la mesa esa astromelia que había conseguido para su muevo amante. Sobre el viejo canapé su cuerpo cansado y sus labios sin brillo recordaban  a ese otro hombre tejido con trapos viejos, siempre asustadizo que llevaba al igual que Ella la argolla de un compromiso deshilvanado. Los dos habían sido culpables por el olvido de los encuentros. Todo había terminado un día cualquiera de cualquier año, no existan recuerdos. Por eso debía morir..

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