Nadie lo había vuelvo ha ver, salvo esa mañana que salió con sombrero y abrigo negro. Los vecinos se extrañaron cuando lo vieron como de viaje, todos sabían que odiaba caminar mas de dos cuadras, la gente le producía mareo y empezaba a vomitar cada cuadra, era verdaderamente un tormento salir a la calle o trasladarse a cualquier sitio, por eso la mona como la llamaban en el vecindario, todos los días llevaba la comida a este buen hombre de inmensos ojos negros y labios sensuales. ¿Que habrá pasado dijo Ella,...? La camarera quien vivía enamorada de este buen hombre le respondió en tono inquietante, a que se refiere, pues a la mona. Nadie sospecho absolutamente nada hasta el día que la camarera tampoco volvió, y Él no alcanzo a caminar mas de cinco cuadras cuando murió por el exceso de vomito.
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